Adolescentes del grupo «Cafarnaúm» de campo de trabajo en Extremadura

Hace unos meses, nuestros catequistas nos ofrecieron ir de Misiones a la Casa de la Misericordia. Al principio nadie conocía la casa; muy pocos se lanzaron a apuntarse, pero, cuando se fue acercando la fecha, cada uno, poco a poco, tuvo una razón por la que ir. Ahora entendemos por qué el Señor nos quiso allí.

Allí intentamos ayudar en todo lo que pudimos. Algunos estuvimos con sus residentes, hablando con ellos y realizando tareas o talleres; otros pintaron algunas zonas de la casa. Aunque el primer día, sobre todo, te veías un poco descolocado, sin saber qué hacer y trabajando sin muchas ganas, en cuanto tuvimos un poco más de contacto con los residentes obtuvimos nuestra recompensa: ¡una simple sonrisa!, por pequeña que parezca.

También compartíamos un rato de oración con el Santísimo expuesto junto con algunos de los hermanos. Ese momento fue muy importante, pues aprendimos a escuchar al Señor y no solo a hablar nosotros.

También tuvimos tiempo libre que pudimos aprovechar para conocernos más entre nosotros, jugar a juegos de mesa o pasar un rato en la piscina.

El penúltimo día, entre todos los jóvenes organizamos una velada para poder pasar un rato divertido con los residentes, en la cual hicimos un bingo. Les dimos una limonada que previamente habíamos preparado con limones recogidos también por nosotros. Bailamos y, sobre todo, compartimos sonrisas junto a ellos.

Ha sido, sin duda, un auténtico regalazo del Señor, porque para nosotros, el último día, la Casa de la Misericordia también era un hogar.

Agradecemos enormemente a los hermanos por la acogida, especialmente al hermano Miguel y a Samu. ¡Esperamos volver a verlos muy pronto!

Alba Gómez Vadillo de Santos justo y pastor (Parla)