
Al igual que, para sanar una herida en el cuerpo, ésta debe cerrar y cicatrizar, la muerte del ser querido produce heridas que afectan al cuerpo, a las emociones, a los pensamientos, a las relaciones con los demás, a los valores que uno tiene y a la vida espiritual. Son heridas profundas, que deben ser sanadas en esas seis dimensiones a fin de poder alcanzar de nuevo paz interior y alegría de vivir, y tener un proyecto significativo de vida.
En la Parroquia se pone en marcha en próximas fechas el nuevo curso del Grupo de Ayuda Mutua al Duelo “Resurrección”, con un temario y una metodología diseñados por el P. Mateo Bautista García.
Los interesados, rellenad por favor este formulario: aquí